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30 may 2012

Mousse de jamón con queso crema y rábanos

Un primer plato exquisito para bebés que acaban de cumplir un año, que incluye verduras, proteínas y lácteos. Es fácil de preparar, sobre todo, si se cuenta con un robot de cocina.

Ingredientes

● 5 rábanos rojos
● 1 ramita de perejil
● 1 loncha de jamón de york
● 100 g de queso blanco cremoso

Preparación

1. Lavar el rábano y el perejil. Reservar la parte superior y cortarla en finas lonchas para decorar, así como unas hojas de perejil. Cortar la parte inferior en trozos.
2. Reservar las hojas de los rábanos.
3. Cocer al vapor los rábanos con sus hojas la parte superior durante 6 minutos y añadir el perejil durante los últimos 2 minutos de cocción.
4. Cortar el jamón en tiras y poner en la licuadora con el queso crema blanco.
5. Batir todos los ingredientes y servir.

/serpadres

2 feb 2011

Desayunos personalizados


La elección de los alimentos se adaptará a las necesidades individuales, de acuerdo a los criterios personales y de salud


Ni el sueño, ni la pereza, ni las prisas. No hay excusa para no desayunar y menos para no hacerlo de una forma correcta. Los alimentos que se toman en este instante del día, tras un ayuno de varias horas, influyen de manera decisiva en la respuesta fisiológica del organismo, tanto en un plano físico como mental. En algunas ocasiones los problemas de salud determinarán los alimentos que compongan el desayuno; en otras, las circunstancias personales de trabajo, según se precise un mayor esfuerzo físico o se requiera una mayor o mejor capacidad intelectual, condicionarán esta elección.

Diez variedades de desayunos


Para muchas personas, el desayuno  es el gran olvidado del día. Sin embargo, los manuales de nutrición y alimentación básica equilibrada insisten en que un desayuno bien planteado se debe sustentar en tres pilares básicos: un cereal, un lácteo y una fruta. En la siguiente confección de propuestas de desayunos, se ha optado por la selección idónea de alimentos para cada objetivo. El hecho de que no ingiera alguno de los alimentos entendidos como básicos no se traducirá en un menor valor nutritivo, si tales raciones de alimentos se contemplan en las comidas restantes del día.

Un desayuno bien planteado se debe sustentar en tres pilares básicos: un cereal, un lácteo y una fruta

Si el cansancio, la falta de atención y concentración, el mal humor o la irritación hacen mella durante la mañana, la respuesta puede ser sencilla: el desayuno es deficiente o no se ajusta en cantidad o tipo de alimentos a las exigencias del cuerpo. Las siguientes ideas pueden ayudar a poner el punto de equilibrio en esta comida diaria tan importante.

El desayuno básico. Un bocadillo de pan integral con unas gotas de aceite de oliva virgen, rodajas de tomate y bonito o una tostada integral con jamón se admiten como dos propuestas mínimas básicas para no salir de casa "con el estómago vacío". Una infusión o un café calentarán el cuerpo, si bien para algunos la alternativa de café con cereales libre de cafeína es más acertada.

El intelectual. El cerebro, el órgano ejecutivo del cuerpo por excelencia, tiene unos requerimientos muy precisos: glucosa, una serie de vitaminas del grupo B para metabolizar la glucosa y transformarla en energía (ATP) y minerales concretos para activar la función neuronal. La elección es un tazón de muesli, una mezcla donde abunden los copos de avena, los frutos secos y las frutas desecadas. No pueden faltar los orejones de melocotón y los pistachos. Juntos proporcionan una excelente dosis de hierro, magnesio y potasio, elementos fundamentales para la conexión neuronal. Un par de cucharadas de frutas del bosque (arándanos, grosellas, frambuesas...) son el complemento antioxidante idóneo para el cerebro.

Especial para deportistas. El secreto está en combinar con acierto y en su justa medida alimentos ricos en azúcares rápidos, que proporcionan energía instantánea para el movimiento, y azúcares complejos, que proveen de energía de forma paulatina para garantizar un ejercicio duradero y con la intensidad que exija la prueba física. La propuesta es un desayuno donde los azúcares rápidos provengan de frutas frescas y desecadas o endulzantes como la miel, mientras que los complejos lo serán en forma de cereal integral (arroz). En esta ocasión, la propuesta se compone de arroz con leche aromatizado con canela y mezclado con uvas pasas, infusión endulzada con miel, una taza de macedonia de frutas de temporada y un bocadillo integral con jamón.

Para aflojar la tensión. Los nervios y la tensión acumulada por la entrega de un proyecto, una reunión estratégica, el comienzo de un nuevo empleo, etc., es motivo suficiente para desayunar diferente. Esta primera comida será más ligera, es decir, más rápida de digerir y de asimilar. El desayuno consistirá en una infusión de té verde o té mu (da vitalidad, pero no es excitante), un bol de copos de maíz sin azucarar con bebida de avena y una pieza de fruta de temporada (un par de mandarinas, 6 fresas, dos albaricoques...).

Ligero pero nutritivo. Un café con leche desnatada o una infusión sin azucarar y un mini sándwich integral con tomate, lechuga, pepino y queso fresco es una idea de comida sana, ligera y nutritiva. El pan integral, al ser más rico en fibra, tiene más efecto saciante. La combinación apenas suma 200 Kcal y surte de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, una pequeña dosis de proteínas y carbohidratos complejos. La ración de fruta se puede reservar para tomar a media mañana como tentempié.

Superenergético.
Una buena porción de energía en forma de proteínas, hidratos de carbono complejos y grasas insaturadas saludables es clave para superar con éxito el esfuerzo físico que exigen muchas labores. Los bocadillos son una elección acertada si el relleno no consiste siempre en embutidos. Una opción es un bocadillo de tortilla francesa, junto con una infusión digestiva, como la menta poleo o el regaliz, un yogur y un puñado de nueces o de avellanas.

Cuidar los nervios. Esto exige pensar en alimentos con un aporte de carbohidratos complejos y con un surtido de vitaminas del grupo B, los nutrientes elementales de las células nerviosas, las neuronas. Se plantea la opción de un bol de copos de avena con bebida de avena, un té de rooibos y una compota de manzana y ciruelas pasas.

El más sano para el corazón. Este desayuno incluirá nutrientes como los ácidos grasos omega 3 y vitaminas antioxidantes, como la vitamina E y la C. Un té verde suave junto con un bocadillo de pan integral untado con aceite de oliva virgen extra y bonito o sardinas es una idea sana. Se complementará con un kiwi y cuatro nueces.

Desayuno para ocasiones especiales. La bollería y los bizcochos son productos que se han de reservar para las ocasiones especiales si se quiere que formen parte de una alimentación equilibrada. Si son caseros, se elaborarán con los ingredientes de mayor calidad: huevos frescos, harina integral, aceite de oliva virgen, etc. Si se decide comprarlos, se escogerán sin "ácidos grasos parcialmente hidrogenados", conocidos como grasas trans y que se han evidenciado como las más perniciosas para la salud del corazón. En cuestión de valor nutricional, serán más saludables los productos con menos azúcares añadidos. En esta categoría de desayunos para momentos muy puntuales, figuran los desayunos típicos anglosajones compuestos por huevo frito y bacon.

Para gourmets. Un zumo de naranja recién exprimido elaborado con fruta fresca, unas rebanadas de pan de hogaza tostadas, untadas con aceite de oliva virgen extra y acompañadas con jamón selecto, ibérico o de bellota, es un desayuno con una selección de productos de calidad que gusta a los paladares más exigentes.

NO DESAYUNAR ES MALO PARA LA SALUD


Desayunar es un buen hábito que tiene repercusiones positivas en la salud física y mental, lo que redunda en una mejor sensación de bienestar. Es la forma de comenzar el día mientras se pone en práctica la dieta equilibrada.

Las ventajas son numerosas: mejora el estado nutricional, al contribuir al balance de energía y de variedad de nutrientes esenciales (calcio, hierro, magnesio, vitaminas del grupo B...), permite un mejor y mayor rendimiento físico e intelectual (mejor memoria y más concentración) y ayuda a controlar el peso, ya que hace posible que no se sienta un hambre voraz en la comida siguiente.

consumer

18 feb 2010

La alergia a la leche se cura bebiéndola a diario y tomando lácteos.

Adiestrar al sistema inmune.

La exposición continuada a los alérgenos de la leche logra 'manipular' al sistema inmune para que tolere el alimento. Entre un 2% y un 5% de los infantes nace con alergia a la leche, aunque el 80% ya no tendrá este problema cuando cumpla los seis años. En el caso del 20% restante, la mejor 'receta' parece tenerla un grupo de investigadores del Hospital Infantil Johns Hopkins (EEUU) que ha decidido hacer un seguimiento a varios menores con alergia a la leche que en 2008 participaron en un estudio en el que fueron consumiendo dosis en aumento de este alimento.

En España, concretamente en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, se han llevado a cabo con éxito pruebas similares en menores con alergia a la leche y al huevo. El procedimiento consiste en inducir artificialmente la tolerancia mediante una pauta de desensibilización que radica en dar pequeñas cantidades de leche de vaca o huevo, según el caso, mezclados con zumos.

En la nueva investigación, un total de 18 chicos y chicas de entre seis y 16 años recibieron un seguimiento de entre tres y 17 meses, en función de cuánto tiempo tardaban los padres en ir incrementando la cantidad de leche consumida por sus hijos.

"La exposición continuada a los alérgenos de la leche consiguió que muchos de ellos adiestraran de forma lenta y gradual su sistema inmunológico para tolerar mejor este alimento", manifiesta los autores del trabajo que ha visto la luz en la edición on-line del 'Journal of Allergy and Clinical Inmunology.

Durante el trabajo, los autores constataron que las alergias graves a la leche habían disminuido o desaparecido en todos los participantes. Pese a que se produjeron algunas reacciones leves que se fueron haciendo más leves con el paso del tiempo [picazón, náuseas o vómitos, entre otros], todos ellos pudieron consumir el alimento con seguridad en sus casas. Estos hallazgos también sugieren que el uso regular de la leche y los productos lácteos puedan resultar necesarios para que los niños mantengan su tolerancia.

Beber a diario

"Ahora tenemos evidencias por otros estudios de que algunos niños, una vez tratados con éxito, y libres de la alergia, permanecen así incluso sin la exposición diaria mientras que, en otros, las alergias vuelven una vez que abandonan la ingesta diaria", explica Robert Wood, autor principal de esta investigación.

Para este especialista, el hallazgo significa que "mientras que algunos pacientes están realmente curados de su alergia, en otros el sistema inmune se adapta a la exposición diaria a la leche y puede, de hecho, necesitar tomarla de forma continuada para seguir tolerándola".

Tras los 17 meses de consumo en el hogar, se solicitó a 13 de los 18 participantes que ingirieran dosis más elevadas de leche para, posteriormente, practicarles nuevas pruebas en el centro sanitario. De los 13, seis no mostraron ninguna reacción después de beber 16.000 mg de leche, dos veces la dosis máxima tolerada durante el estudio inicial, mientras que siete si mostraron reacciones con dosis que oscilaron entre los 3.000 a los 16.000 mg.

Estas fueron fundamentalmente, picazón, urticaria, estornudos o dolor abdominal leve. No se produjo ningún caso grave a excepción de un niño que desarrolló una tos que requirió medicación.

La sensibilidad a la leche también se midió con las tradicionales pruebas de punción cutánea, que mostraron la disminución progresiva de las reacciones a través del tiempo. Los niveles en sangre de anticuerpos IgE para la leche disminuyeron también lentamente, otro signo de una mejor tolerancia a la leche. Al mismo tiempo, un tipo diferente de anticuerpos, IgG4 [una señal de inmunidad a un alérgeno] aumentó con el tiempo, lo que muestra una mejor tolerancia.

Patricia Matey
trainermed

27 jul 2009

UNA DIETA INFANTIL RICA EN CALCIO Y LÁCTEOS PODRIAN REDUCIR LA MORTALIDAD


Una dieta rica en calcio y productos lácteos en la infancia podría reducir el riesgo de mortalidad en la edad adulta, según concluye un estudio publicado hoy por la revista "British Medical Journal".

Las universidades de Bristol (Inglaterra) y Brisbane (Australia) hicieron un seguimiento durante 65 años de un estudio realizado en Gran Bretaña en la década de 1930 sobre hábitos alimenticios.

Observaron, entre otras cosas, que la presencia de calcio y lácteos en la dieta influían en cuánto vivía la gente, y que las personas que habían consumido esos productos de pequeños tendían a vivir más.

En la actualidad continúa el debate sobre el efecto de los lácteos como la leche entera, la mantequilla o el queso en la dieta, ya que se considera que, en la edad adulta, pueden contribuir a las enfermedades cardíacas, por su alto contenido de grasas saturadas y colesterol.

La comunidad médica se plantea, incluso, los efectos a largo plazo de dar leche a los niños en las escuelas.

Los científicos británicos y australianos analizaron la información recogida entre 1937 y 1939 por el estudio Carnegie sobre dieta y salud en la Gran Bretaña de pre-guerra, en el que se examinó a niños de 1.343 familias inglesas y escocesas en base a inventarios semanales de la despensa del hogar.

Los autores del presente estudio lograron establecer qué les había sucedido a 4.374 de estos niños entre 1948 y 2005.

En 2005, 1.468 (34 por ciento) habían muerto, 378 de ellos por enfermedades coronarias y 121 de embolias.

Los expertos se centraron entonces en dos desenlaces concretos -muertes por embolia y dolencias cardiovasculares-, y analizaron la conexión entre el consumo total de lácteos y la mortalidad, y entre grupos concretos de lácteos y mortalidad.

Constataron, entre otras cosas, que no había pruebas evidentes de que el consumo de lácteos estuviera asociado con muertes de ninguno de los dos tipos.

Sin embargo, la ingestión de calcio en la infancia estaba inversamente relacionada con una mortalidad por embolia, aunque no por dolencias cardíacas.

Los niños que estaban en el grupo con mayor consumo de calcio y productos lácteos tenían menos índice de mortalidad que sus compañeros.

"Los niños cuya dieta familiar en los años 30 era alta en calcio tenían menos riesgo de muerte por embolia", señalan los investigadores.

"Además -añaden-, las dietas infantiles ricas en calcio o lácteos se asociaron con un menor índice de mortalidad por cualquier causa en la edad adulta".

Los autores del estudio, que será publicado también por la revista "Heart", señalan que hacen falta otros estudios de población para corroborar estos resultados, ya que hay factores, como los socioeconómicos, que podrían explicar las diferencias.

/elconfidencial.com
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