26 may. 2012

No ponga a su hijo a dieta. Mejore su estilo de vida

Según un informe de la Fundación Thao, 3 de cada 10 niños/as (30%) sufre exceso de peso (sobrepeso u obesidad). De éstos, un 8,3% padece obesidad y un 21,7 % sobrepeso. A cerca de un tercio de la población española entre 3 y 12 le sobra peso. Con lo cual, estadísticamente esta entrada supongo que le resultará de utilidad a un buen número de papás y mamás.

Supongamos que tiene un hijo o hija, un niño o un adolescente (me da igual la edad) con sobrepeso u obesidad… ¿ponerlo “a dieta” es la solución?
Si su respuesta es afirmativa sepa que no adoptará la estrategia más adecuada para los fines que persigue. Por lo menos esta es una de las muchas conclusiones conclusiones a las que se ha llegado en una revisión de la literatura científica que aborda estas cuestiones. Ante la toma de decisión “dieta si vs. dieta no” sepa que en el tratamiento del sobrepeso y obesidad infantiles: “Las dietas hipocalóricas [las dietas, vamos] son menos efectivas a medio largo plazo que la modificación de los estilos de vida”

Dicho de otra forma, antes que martirizar, estigmatizar y torturar a un niño con prohibiciones y obligaciones en el terreno alimentario y de estilo de vida, conviene repasar los posibles errores que le han llevado a ésa situación y cambiarlos… no en el sentido de “hacer dieta”, es decir, no en un: “hoy empiezo y otro día acabo, cuando haya perdido “X” kilos”. No. Las principales evidencias apuntan a que en el tratamiento del sobrepeso en la infancia, las bases han de estar asentadas, más que en hacerle llevar una tortura de dieta en el comedor del colegio o en casa, en la modificación -permanente- de los estilos de vida, tratando de prevenir el sedentarismo, promocionando la realización de actividad física, todo ello dentro del marco familiar y con la innegable necesidad de adquirir unos hábitos alimentarios adecuados.

Como padre o madre preocupado por la situación ponderal de sus hijos un buen comienzo podría ser analizar su propia situación antes que la de su hijo o hija. Y porqué he de hacer esto, se preguntaran. Pues muy sencillo, porque en gran medida y según algunos estudios el peso de los hijos está directamente relacionado con el de los padres. Tenga en cuenta que los hábitos de su hijo pueden ser erróneos porque los ha copiado de usted. Hasta el punto que, antes de los 3 años de edad, la obesidad de los padres es más predictiva de la obesidad futura que puedan tener sus hijos que el peso actual del niño o niña. Genética aparte, su hijo puede tener exceso de peso porque usted mismo lo tiene. No es por casualidad, ni la genética es la explicación definitiva: a la hora de considerar que si uno de los progenitores es obeso el riesgo de que el niño sea un adulto obeso se multiplica por tres, y si ambos padres los son el riesgo se multiplica por diez.

Una vez analizados sus errores la mayor parte de las recomendaciones suelen pasar por:

  •     Si aun están a tiempo, empezar por la lactancia materna.
  •     Disminuir los alimentos con un alto contenido en grasa y elegir aquellos con un perfil lipídico más saludable: menos grasas saturadas y más insaturadas. Disminuir para ello los alimentos de origen animal y procesados, y aumentar los de origen vegetal y frescos.
  •     Favorecer el consumo de alimentos ricos en fibra, frutas, verduras, hortalizas y alimentos provinientes de los cereales integrales fuente a su vez de hidratos de carbono complejos (pan, arroz, pasta, etc.)
  •     Promocionar un estilo de vida más activo que sedentario. Tanto en la hora de incluir actividades deportivas, como en el ocio y en el día a día (ir y venir del colegio, hacer la compra, recados, etc.)
Por cierto, y ya que estamos, usted tampoco se “ponga a dieta”, mejore sus hábitos y mantenga ese mejor estilo de vida siempre. Suerte.

/20minutos

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