21 ago. 2009

DIETA Y EJERCICIO COMBINACIÓN INDISPENSABLE


Las personas que hacen habitualmente deporte son conscientes de que, para mantener sus facultades en plenitud, han de seguir una serie de pautas dietéticas. Sin embargo, los expertos en metabolismo, nutrición y dietética marcan diferencias en cuanto a la necesidad de esos aportes alimenticios, en función del tipo de ejercicio que se practique.

Existen dos tipos de ejercicio como deporte. Por un lado están los que requieren una gran actividad de corta duración y de gran efectividad muscular (carreras de velocidad, saltos de longitud y de altura, lanzamientos, etc.) y por otro, los de actuación continuada, en los que es fundamental la resistencia a la fatiga (carreras de fondo, maratones, competición en grupo, etc.). Los dos tipos de ejercicio entrañan riesgos y requieren un tipo de alimentación diferente que exige, por otra parte, una voluntad de hierro.

Una investigación llevada a cabo por profesores de las facultades de Medicina y de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad del País Vasco (norte de España), demostró que una ingesta energética suficiente y una aportación adecuada de algunas vitaminas, como el ácido fólico, reduce las microrroturas musculares generadas por la práctica de ejercicios físicos prolongados de intensidad alta.

La investigación se centró en tres deportes concretos (maratón, esquí y futbol) y el trabajo de campo se desarrolló en dos etapas. En la primera se analizaron las dietas de los deportistas y sus alteraciones metabólicas más frecuentes tras practicar ejercicio, y en la segunda se actuó sobre la dieta y se comprobó cómo se modificaron las alteraciones.

Para los practicantes de los ejercicios de corta duración es vital lograr una masa muscular suficiente, entrenada y poderosa. Para lograrlo es necesario un sobredimensionamiento de los sistemas respiratorio y circulatorio con el fin de servir a toda esa masa muscular durante el ejercicio, si bien, como apunta el catedrático de Bioquímica y Fisiología de la Universidad de Barcelona (noreste de España), M. Alemany, “la mayor parte del esfuerzo se realiza de modo prácticamente explosivo bajo condiciones anaerobias (sin necesidad de oxígeno)”.

En cambio, “los fondistas del segundo grupo requieren tal vez una masa muscular menos aparente, pero de gran capacidad aerobia, es decir, músculos resistentes a la fatiga que puedan funcionar durante mucho tiempo con regularidad”, añade el experto.

El músculo esquelético –según los manuales de fisiología al uso- tiene dos tipos de fibras diferentes: las blancas y las rojas. Las primeras se contraen rápidamente, aunque no pueden soportar ese estado durante mucho tiempo. Los músculos blancos tienen escasa irrigación sanguínea y sirven para movimientos poco sostenidos, pero de gran rapidez y potencia, como los que desarrollan los deportistas que se dedican a los saltos o a los lanzamientos.

Las fibras rojas, en cambio, son algo más lentas, pero más resistentes a la fatiga ya que oxidan lípidos con el oxígeno que les proporciona la red de vasos sanguíneos. Son aptas para los movimientos sostenidos, prolongados y repetitivos, como los que mueven las piernas de los corredores de fondo o las alas de las aves.

/vanguardia.com

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