13 de oct. de 2009

MEMBRILLO: ASTRINGENTE Y PROTECTOR INTESTINAL


Su riqueza en taninos previene trastornos gastrointestinales y ayuda a frenar la diarrea. Por su sabor amargo, se consume en forma dulce, lo que aumenta su valor calórico, pero no sus beneficios

Las temperaturas que han dado la bienvenida al mes de octubre dan fe del «veranillo del membrillo». Por ello, no es de extrañar que esta fruta se encuentre ahora en su mejor momento y ponga la nota de color a los mercados. Don Quijote ya le recomendaba a Sancho el membrillo para «asentar el estómago y hacer bien la digestión». Es una prueba más de que la sabiduría popular se puede elevar casi a la categoría de ciencia. En la actualidad, es uno de los productos más apreciados de la gastronomía española por la cantidad de posibilidades que ofrece. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, las bondades del membrillo pasan desapercibidas para la mayoría de la población.

Ana Montero, profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, explica que esta fruta «posee una pulpa dura y de sabor astringente, por lo que cuando se come cruda la sensación que produce en la boca va entre la sequedad intensa y el amargor». Más allá de sus atributos sensoriales, lo que realmente le da valor nutricional a este producto se debe «a la peptina, un tipo de fibra soluble, presente en grandes proporciones en la pulpa del membrillo.

Cuenta con la propiedad de enlentecer el tránsito intestinal y retener agua, lo que resultará interesante en situaciones de deposiciones más o menos líquidas o de baja consistencia como sucede, por ejemplo, en las diarreas», sostiene el doctor VIcente Orós Espinosa, miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). Pero todavía hay más. Las propiedades beneficiosas que la pectina ejerce en el organismo son, según la profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, Purificación González, «por una parte, ayudar al control de la obesidad y contribuir en la disminución de los niveles de colesterol total y «malo» o LDL en sangre, con el consiguiente efecto preventivo de alteraciones cardiovasculares. Por otra parte, también se le atribuyen efectos purificadores, al facilitar la eliminación de toxinas».

Escudo para el corazón


Asimismo, otro de los componentes de este fruto otoñal, los taninos, puede presumir de «ejercer efectos beneficiosos en el organismo por su acción antiinflamatoria, por su participación en la prevención de procesos cancerosos inhibiendo la formación de nitrosaminas e, incluso, reduciendo su efectividad cuando se han formado. Intervienen, además, en la prevención de aterosclerosis y otras enfermedades cardiovasculares debido a sus propiedades antioxidantes», explica Montero. El membrillo también puede influir en la forma en la que el organismo responde a un proceso alérgico porque «inhibe la histamina», asegura González. Los responsables de otorgarle a esta fruta las propiedades sensoriales como el color, el sabor y el aroma son «los ácidos orgánicos, entre ellos el ácido málico que, además, colaboran en el estado higiénico de la fruta porque proporcionan propiedades desinfectantes y favorecen la eliminación de ácido úrico», añade Montero.

Pese a las bondades de esta fruta, lo cierto es que su sabor extremadamente ácido la hacen incomestible. Por ello, lo más habitual es tomar dulce de membrillo. Sin embargo, Oros advierte de que «las propiedades nutricionales varían porque al cocinarlo se perderán algunas vitaminas como la C, pero se mantienen los taninos y su capacidad astringente junto con la fibra y ganando en contenido calórico por la adicción del azúcar». A modo de ejemplo, la versión en fruta posee unas 29 calorías por cada cien gramos. Sin embargo, el formato dulce lleva adicionada una gran cantidad de azúcar, aproximadamente un 57 por ciento, lo que le aporta un elevado valor calórico, 229 calorías por cada cien gramos. Al elaborarlo de esta forma se consigue elevar su contenido en potasio, lo que, unido a la baja cantidad de sodio que posee, resulta recomendable para aquellas personas que sufren hipertensión arterial o afecciones cardiovasculares. Esto se debe, según González, «debido a su riqueza en fibra soluble, lo que contribuye a regular los niveles de glucemia sanguínea y a ejercer, además, un efecto hipocolesterolemiante».

En el caso de las personas que tomen «diuréticos excretores de sodio y que por ello se encuentren con falta de éste, su consumo resulta interesante. Sólo en pacientes con insuficiencia renal habrá que tener presente la abundancia de potasio y restringir su ingesta», afirma Orós.

Pero Antonio Villarino, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de los Alimentos (Sedca) y catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, advierte de que «este tipo de pacientes pueden consumir dulce de membrillo, pero siempre y cuando no exista diabetes u obesidad». Si este producto se toma dentro del contexto de una dieta equilibrada, el consumo de este producto no supone ningún riesgo para la salud aunque, según Villarino, «por su alto valor calórico, las personas que estén a dieta deben evitarlo». En el caso de que se consuma en forma de fruta, la doctora Isabel lovaco, especialista en Medicina estética y Nutrición de Novoclinic, advierte de que «por su elevada acidez, no está recomendado para todas aquellas personas que tengan el estómago delicado». Pero, no hay que olvidar que, en algunas ocasiones, «su elevado poder energético puede resultar interesante en procesos de convalecencia, situaciones de estrés sin obesidad o sobrepeso, esfuerzo físico continuado o deportistas con un gasto calórico importante», asevera el doctor Orós. Aunque lo habitual es tomarlo crudo, este producto sirve para la elaboración de mermeladas y combina a la perfección con todo tipo de quesos.

LOS VERANILLOS AL SOL/ por Miguel Ángel Almodóvar


De los membrillos sabemos que son fruta aromática que las abuelas usaban para perfumar la ropa de los cajones de la cómoda; que dan nombre a un fenómeno climático, el «veranillo», que se produce alrededor de la onomástica de los tres Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel; y que Víctor Erice lo utilizó como pretexto para bucear en una forma de relación entre la pintura y el cine, «El sol del membrillo», siguiendo el proceso creativo cotidiano del artista Antonio López. Símbolo de amor y fecundidad para los antiguos griegos, quienes lo tomaban antes de cumplir con el primer débito conyugal, al membrillo se le suele ningunear haciéndolo en dulce o carne para meterlo después en lata o en plástico al vacío, dejando de lado su consumo en fresco, lo que lleva a prescindir de un astringente aporte de fibra y taninos; de su regalo en ácido málico, que favorece la eliminación del ácido úrico; y de algo de potasio, que siempre viene bien para la tensión arterial, el sistema nervioso y el tono muscular.

Beatriz Muñoz
larazon.es
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