4 mar. 2009

SALUD Y ALIMENTOS EN LA ANTIGUEDAD CLÁSICA



Médico griego, s. V a.C. (Museo del Louvre, Paris)

Numerosos son los tratados médicos antiguos que hacen alusión a las enfermedades y a los alimentos apropiados para sanarlas. Hipócrates (s.V a.C.) médico griego, padre de la medicina moderna, fundó una escuela y sus libros, unos cincuenta, están recopilados en el Corpus Hipocraticum. Estudió el efecto de los alimentos en el cuerpo y en sus obras da muchos consejos, como por ejemplo: después de comer, está bien andar un rato, sobre todo en invierno, porque en verano es contraproducente, a causa del calor. También consideraba que no hay mejor manera para mantener la salud que mantener una buena dieta y una buena higiene.

El médico romano Celso, (s. I d.C), en su obra De arte médica abundan las anotaciones dietéticas. Uno de sus sabios consejos es: en lo relativo a la alimentación, el exceso jamás es útil, y la abstinencia extrema es a menudo nociva. Describe los alimentos por grupos genéricos y los agrupa de más a menos nutritivos. Así, el pan, por ejemplo, contiene más principios nutritivos que ninguna otra sustancia; el de trigo alimenta más que el de mijo, y éste más que el de cebada. Pero también apunta que dentro de un mismo alimento pueden encontrarse diferencias nutritivas; nos aportarán más o menos nutrientes dependiendo de dónde hayan crecido o cómo se hayan alimentado.

Según el autor, las personas engordan por falta de ejercicio; por descansar demasiado; por hacerse unciones con grasas, sobre todo después de comer; por no ir bien de vientre, por tener la cama demasiado blanda o el espíritu demasiado tranquilo. En cuanto a los alimentos y bebidas, los que más engordan son los dulces y las grasas y sobre todo las comidas demasiado seguidas o copiosas. Por ejemplo, recomienda tomar los alimentos por edades, sexo o por el estado de cansancio. Si estás muy cansado, por haber hecho un gran sobreesfuerzo antes de comer, es mejor pasear un poco y después bañarse, aunque no conviene que el agua este muy caliente; después, lo mejor es irse a dormir sin comer. Pero, si aún se tiene hambre, recomienda comer alimentos húmedos y beber agua no demasiado fría.

En cada estación se recomiendan unos alimentos determinados; así, en el invierno nos dice que hay que comer un poco más y beber menos. Comer más pan y carnes hervidas, pocas verduras y, sobre todo, comer caliente. En la primavera, se ha de ir disminuyendo la cantidad de alimentos y aumentando la de bebida. Las carnes en esta época era mejor cocerlas a la parrilla. En verano, en cambio, había más necesidad de comer más frecuentemente y se tenía que almorzar, aunque en pequeñas cantidades. Las verduras y los alimentos frescos eran los mejores. El otoño es la época más inestable, y por tanto, se ha de vigilar más la salud; no se ha de ir descalzo y se ha de empezar a comer un poco más. Respecto a las frutas, recomienda no comerlas a todas horas y vigilar la cantidad, ya que pueden ser nocivas para el cuerpo. También, recomendaba que si se había comido o bebido mucho, resultaba más sano vomitar antes de ir a dormir.

Galeno, dos siglos más tarde, uno de los grandes médicos de la época romana. En su tratado De Regimini Sanitatis estudia y valora los alimentos como fuente de salud. En su época se empieza a valorar la sanidad pública, por ejemplo en Roma se hicieron muchas fuentes para la distribución de agua, también se mejoró el sistema de alcantarillas y se construyeron muchos baños públicos.

Discórides practicó la medicina en Roma, en la época del emperador Nerón, en su inmensa obra De Materia Médica, cinco volúmenes, donde se describen más de 600 plantas medicinales, están clasificadas por temas, como por ejemplo diuréticas o afrodisíacas, ha sido una de las bases de la farmacopea actual. Su obra ha sido revisada y ampliada durante siglos.

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