29 jun. 2012

¿Cuál de las tres dietas más populares funciona mejor?


En plena ‘operación biquini’ se multiplican las dietas de todo tipo que aseguran ayudarnos a perder los kilos que nos sobran rápidamente y con poco esfuerzo. Muchas de las dietas milagro de los últimos tiempos se basaban en la premisa de que apartando de la dieta un determinado tipo de nutrientes –como los carbohidratos en el caso de la dieta Atkins– se pierden más calorías. Y ya que “una caloría es una caloría” no importaba primar unos nutrientes sobre otros en espacios cortos de tiempo. Pero un estudio del Journal of American Medical Association asegura todo lo contrario: no todas las calorías son iguales, y algunas dietas, por mucho que hagan adelgazar, suponen un peligro importante para la salud.

Los investigadores, liderados por la doctora Cara Ebbeling del Boston Children´s Hospital, compararon el funcionamiento de tres dietas diferentes sobre personas que previamente habían estado perdiendo peso. Uno de los objetivos principales del estudio, además de conocer qué dieta es mejor para la salud, era encontrar cuál ayudaba a mantener el peso ideal, sin caer en una fuerte recaída.
A largo plazo, sólo una de cada seis personas mantiene el 10% de la pérdida de peso lograda con la dietaCuando una persona recupera peso tras una dieta, se la suele culpar por no haber continuado con ella, no tener motivación o no hacer suficiente ejercicio, pero la biología juega también un papel importante. Después de perder peso, la velocidad a la que las personas queman calorías (conocida como el gasto de energía) disminuye, y el metabolismo es más lento. Un gasto de energía más bajo se suma entonces a la dificultad por mantener el peso, lo que explica por qué la gente tiende siempre a ganar kilos tras una dieta. El estudio muestra que, a largo plazo, sólo una de cada seis personas mantienen siquiera el 10% de la pérdida de peso que lograron con la dieta.

Tres dietas en pugna

La investigación se centro en el estudio de 21 adultos con sobrepeso u obesidad, de entre 18 y 40 años. En primer lugar estos siguieron una dieta de tres meses (formada por un 45% de carbohidratos, 30% de grasas y un 25% de proteínas) y perdieron entre el 10 y el 15% de su masa corporal. Un mes después los participantes fueron asignados de forma aleatoria a tres dietas, con el mismo aporte calórico, y se cuantifico día a día su gasto de energía:

Baja en grasas. La dieta se centraba en cereales integrales, frutas y vegetales y tenía un aporte muy limitado de grasas animales, aceites, frutos secos y otras comidas altas en grasa. Sólo un 20% de las calorías procedían de grasas, un 60% eran carbohidratos y un 20% proteínas.

Baja en hidratos de carbono. Se trataba de una dieta modelada a imagen y semejanza de la Atkins. En ella se minimizaba el aporte de hidratos de carbono, incluyendo pan, arroz, pasta, patatas, bollería y verduras con almidón; y se potenciaba el consumo de ternera, pescado, pollo, huevos, queso y algunos tipos de verduras y vegetales. Los carbohidratos sólo representaban el 10% de las calorías de la dieta. 30% provenían de proteínas y un 60% de grasas.

Baja en índice glucémico. La dieta se basaba en la alimentación tradicional mediterránea. Se enfatizaba el consumo de cereales integrales, carnes de bajo contenido graso, frutas y vegetales, legumbres y grasas saludables provenientes del aceite de oliva y los frutos secos. Se evitaba el azúcar y los snacks. El 40% de las calorías provenían de carbohidratos, otro 40% de grasas y un 20% de proteínas.

Y el ganador es… La dieta mediterránea


La dieta muy baja en hidratos de carbono –similar a la Atkins, pero también a la Dukan– provocó la mayor mejora en el metabolismo, pero con una salvedad importante: aumentaron los niveles de cortisol de los participantes, que pueden conducir a una resistencia a la insulina y aumentan el riego de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, elevó los niveles de proteína C reactiva, que también puede aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Aunque la dieta baja en grasas es la que tradicionalmente han recomendado muchos nustricionistas, así como las autoridades sanitarias estadounidenses, el estudio mostró cómo fue la dieta que menos disminuyó el gasto energético y, además, desarrolló un patrón de lípidos poco saludables y una mayor resistencia a la insulina.

Una dieta baja en índice glucémico no elimina ninguna clase de alimento, haciendo que sea más fácil de seguirLa gente que se sometió a la dieta mediterránea perdió de media 150 calorías más al día que aquellos que siguieron la dieta baja en grasas, el equivalente a una hora de ejercicio moderado, y prácticamente las mismas que aquellos que se sometieron a la dieta baja en hidratos de carbono, pero sin sufrir los aspectos negativos de esta.

“Más allá de los beneficios observados en este estudio”, explica la doctora Ebbeling, “creemos que las dietas bajas en índice glucémico son más fáciles de seguir día a día, en comparación con las dietas bajas en carbohidratos o en grasas, que muchas personas encuentran limitadas. Además, a diferencia de las otras dietas, una dieta baja en índice glucémico no elimina ninguna clase de alimento, haciendo que sea más fácil seguir la dieta y sostenerla en el tiempo”.

/elconfidencial

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